Siete de cada diez viviendas derrochan energía

06/11/2013 

El parque inmobiliario de Burgos genera el 30% del consumo energético y un porcentaje similar de emisiones de gases contaminantes. El resto se reparte entre la industria y el transporte. En los criterios de sostenibilidad energética el sector residencial ha entrado de lleno desde el pasado verano. Los inmuebles nuevos, en venta o en alquiler tienen que emitir un certificado energético elaborado por un arquitecto o ingeniero superior o técnico en ambos casos. 

El Registro de certificados energéticos de Castilla y León referencia que en Burgos se superan los 433 informes. «El ritmo de funcionamiento del registro, que es exclusivamente on line, es un poco más lento que el ritmo real de certificaciones emitidas pero es un buen baremo para medir el ritmo de generación de certificados», resume el secretario técnico del Colegio de Arquitectos Técnicos de Burgos, Roberto del Amo. También es un medidor de lo mucho que queda por hacer en tema de sostenibilidad dentro del mercado residencial en Burgos porque el 78% de los estudios realizados otorga la calificación E, F ó G de los inmuebles, es decir, las más bajas. 

La mayoría de los informes emitidos se corresponden a viviendas individuales en bloque y algún local y entre ellas ninguna es totalmente eficiente (calificación A), tan sólo hay tres inmuebles que cumplen los criterios de la referencia B en la capital y 17 ostentan la letra C. El apartado más común es el que se refiere a la categoría E, 242 informes están en este baremo. El resto se reparten entre los 34 de la categoría F y los 64 de la G, la menos sostenible de todas. 

Vista la situación del parque inmobiliario de la ciudad existe mucha capacidad de mejora. Esta se circunscribe a mejorar el aislamiento del edificio a través de fachadas, tejados y ventanas así como el cambio del sistema de generación de agua caliente sanitaria (calefacción y agua), la biomasa es la que mejor puntuación obtiene, y sistemas sostenibles de refrigeración. Escalar posiciones en la ‘pegatina energética’ supone una vía de escape para un sector en crisis. Un ejemplo son los cursos que sobre esta materia organiza el Colegio Oficial de Arquitectos Técnicos de Burgos (Coatbu). Las jornadas formativas organizadas en Burgos, Aranda, Miranda, Soria, Segovia y Ávila han superado el millar de asistentes. Un sector acuciado por la caída de actividad en la construcción ve en la rehabilitación y aislamiento energético el futuro. 

Después del análisis y certificación existen una serie de mejoras que redundarán en un menor gasto de la factura energética de la vivienda. «No son actuaciones que se tienen que hacer de golpe pero sí planificar en un calendario propio o, quizás más recomendable, de una comunidad de vecinos», apunta del Amo. La inversión revierte. Una calefacción tradicional de gasóleo puede generar un gasto de 1.600 euros, una sostenible y central no supera los 300 euros al año. Una vivienda con una eficiencia energética A puede reducir su factura un 20%-30% respecto de una vivienda calificada como C o D, y hasta un 70% respecto a una G. El sector calcula que de cada euro de inversión se puede reducir en gasto energético 10.

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